Gracias al power walking, tú también podrás tomar las calles de tu ciudad para hacer deporte. Debido a que es una práctica ideal para aquellas personas que no necesariamente disfrutan de correr.
En ese sentido, el power walking no es solamente caminar.
Con esta práctica, el paso ha de ser apresurado, aunque podría permitirte mantener una conversación. Es decir, debes caminar de forma enérgica y a buen ritmo. Lo ideal es conseguir una velocidad aproximada de 7 kilómetros por hora.
De esta manera, son muchos los factores que entran en juego, como la postura, el ritmo de la caminata, la respiración o los cambios de velocidad.
Entre las principales ventajas se encuentra que mejora la respuesta inmunológica y el nivel de tolerancia a la glucosa; ayuda a reducir los niveles de colesterol y facilita las digestiones.
Asimismo, nos libera de la sensación de estrés, aumenta nuestra autoestima y mejora nuestro nivel de autoconfianza.
Además, ayuda a disminuir la tensión arterial, el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y a retrasar la aparición de la osteoporosis.
Cabe señalar que en una sesión de power walking podemos llegar a quemar unas 400 calorías, además de tonificar los músculos de la zona central (abdomen y lumbares) y de la zona inferior (piernas y glúteos).
Ahora bien, tres cosas básicas que tienes que tener en cuenta son: cabeza arriba, hombros atrás y abajo, y pecho arriba. Mantén la espalda recta y contrae los glúteos y el abdomen en todo momento.
Es decir, debes estar consciente en todo momento de la postura que mantienes.
También el power walking también ayuda a disminuir la tensión arterial, el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y a retrasar la aparición de la osteoporosis.