Centralia, la ciudad que lleva 55 años ardiendo

Centralia, la ciudad que lleva 55 años ardiendo

person access_timeJul 2, 2017 show_chart1786 Vistas chatComentarios

Centralia, ubicada en el condado de Columbia, Pensilvania, en los Estados Unidos, nunca fue una ciudad especialmente grande. Sin embargo, se caracterizaba por su actividad industrial, pues las minas de carbón eran el hogar de casi 3.000 trabajadores. La fundación de Centralia se remonta a 1841, aunque no fue sino hasta 1854 que el ingeniero minero civil de Locust Mountain Coal and Iron, Alexander W. Rea, se mudó  y construyó varias calles y parcelas.

La industria del carbón era la principal ocupación de los habitantes, hasta que en 1962 comenzó el declive económico. Las minas cerraron y un día los trabajadores quemaron un montón de basura dentro de una de ellas, la cual se utilizaba como vertedero de la ciudad. Esta mina-vertedero albergaba gran cantidad de carbón antracita, un mineral altamente inflamable que encendió inesperadamente un fuego arrasador. Aunque los bomberos quemaron las llamas en el exterior, el infierno siguió extendiéndose bajo tierra. Después de varias  semanas, el fuego llegó a todas las minas de carbón circundantes y a la tierra bajo la ciudad. Este incendio subterráneo no ha cesado desde 1962, reduciendo la población de 1.000 habitantes en 1980 a solo 7 personas en 2013.

El trágico destino de  Centralia se vio acentuado cuando el departamento de ambiente de Pensilvania comenzó a perforar agujeros en la tierra para monitorear el fuego, lo cual solo alimentó la combustión del carbón. Hasta 1970, todos los esfuerzos por apagar el fuego subterráneo fueron en vano, pues más de siete millones de dólares se invirtieron tratando de salvar a la ciudad. En 1981, el suelo comenzó a desmoronarse y en más de una ocasión personas llegaron a quedar atrapadas en agujeros de 1 metro de ancho para morir en poco tiempo debido a la concentración de monóxido de carbono.

La decisión final del estado de Pensilvania fue invertir 42 millones de dólares en reubicar a la población restante. 55 años después, los expertos aseguran que queda suficiente carbón para alimentar las llamas durante otros 25 años.



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