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La hora de los vampiros

Por: Rainer Tuñon · 17-oct-2011 · 03'45" · Visto 1.302 veces
La hora de los vampiros

Un vampiro es una entidad dedicada exclusivamente a alimentarse de la sangre de sus víctimas. Tan simple como lo relatado, pero tan complejo por la evolución del mito a través de la literatura y el cine. En Egipto y Sumeria, por ejemplo, el personaje existía; en la Mesopotamia y en la antigua china eran considerados como seres culpables de enfermedades y pestes.

Los árabes y africanos los consideraban demonios que dedicaban sus actividades necrófilas a sus respectivas muertes violentas, sin embargo lo más recordado por las últimas generaciones se relaciona al enfoque literario de Bram Stoker, a través de Vlad Tepes, un noble rumano que en el siglo XV luchó contra la invasión de los otomanos.

De esta manera los vampiros han tenido su momento de gloria en todas las bellas artes, incluso en las manifestaciones sociales recientes, como lo son la generación gótica y la “emo”.

En el cine, existen respetables referentes, pero al mismo tiempo, dignos ejemplos que en la actualidad se han convertido en nuevos iconos sobre el mito del vampiro.

El mejor hematófago de todos los tiempos ha sido Nosferatu, desde el filme de FW Murnau, pasando por la versión intencional de Werner Herzgog, protagonizada por su hijo predilecto y mala semilla Klaus Kinski, hasta su gran homenaje con Willem Defoe y John Malkovich, cuando hicieron La sombra del vampiro, a propósito de la excéntrica relación entre el director Murnau y su actor vampiro.

Independientemente de Anne Rice y todas sus derivaciones, incluyendo la fresada en la serie de best sellers Crepúsculo, y las teleseries True Blood y The Vampire diaries, en el cine han existido a través de generaciones importantes aportes al mito del vampiro.

Inolvidables, por ejemplo, el Drácula de Tod Browning que se hizo en los años treinta; La hija de Drácula, de Lambert Hyller, o definitivamente El horror de Drácula, de 1958; una versión muy atrevida que hicieron en 1964 titulada El último hombre en la tierra, con Vincent Price, la comedia de Roman Polanski, The fearless vampire killers (que incluía a un vampiro gay) y una versión apocalíptica de 1972, titulada The Night Stalker con Darren McGavin, amen de la extraordinaria Vampiros en la hHabana, de Juan Padrón, que pude ver en el cine universitario en los ochentas.

Asimismo, los ejemplos de Vampires, de José Ramón Larraz; Salem´s Lot, la teleserie que realizara Tobe Hooper y Amor al primer mordisco, con George Hamilton, suavizaron un género que prometía mejores historias en esa década, cuyo cénit apuntaba hacia el Drácula de John Badham, que tenía como protagonista a Frank Langella.

Seguido en los ochentas, hubo un momento muy especial y posiblemente mis películas favoritas fueron; The monster Squad, de Fred Dekker; The lost boys, de Joel Schumacer, con Jason Patric, Keifer Sutherland y los amigos Corey (Feldman y Haim) y Near Dark, dirigida por la ganadora del Oscar Katherine Bigelow.

Precisamente de esa época, una joya del cine se abría paso: Fright Night, mejor conocida como La hora del espanto, de Tom Holland, quien más adelante se hiciera famoso por darle vida a Chucky, el muñeco diabólico, y que tuvo una digna secuela realizada por el director de la peor Halloween (la tercera), Tommy Lee Wallace.

Curiosamente, La hora del espanto era un homenaje interesante a tres momentos inolvidables del cine: el recuerdo de los Drácula de tradición; la reminiscencia a Hitchcock con La ventana indiscreta y definitivamente el cine que se produjo bajo el sello Hammer films.

Afortunadamente esta semana se estrena su remake con Anton Yelchin, Tony Collette y Colin Farrell, para recordarnos que el cine de vampiros de ahora es más parecido a 30 días de noche, Del crepúsculo al amanecer (aquella de Tarantino y Rodríguez); la rusa Night Watch, el enfoque de Abel Ferrara titulado La adicción; la japonesa Merebito; aquella de Blood and Donuts (hecha en 1995); Rabid de David Cronenberg; Martin, de George Romero; la sueca Frosbitten; El Ansia de Tony Scott, la versión de John Landis titulada Innocent Blood; la irreverente Vampiro Lesbos; la versión de John Carpenter, Vampiros; aquella excelente visión de Francis Ford Coppola, con Gary Oldman, y definitivamente esos clásicos de blaxploitation Blacula, y su versión de los noventas: Un vampiro en Brooklin, de Wes Craven. Por lo demás, los filmes de vampiros siempre tendrán su lugar privilegiado en la meca del cine, por derecho propio.




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